Algunos textos

 

MENGUANTE

 

No se porque la luna se atreve a andar sin ropa

con tantos perros sueltos mordiendo las auroras,

no se porque la luna se atreve a andar tan sola.

 

Se habrá dormido cerca de los cañaverales,

lo se porque el rocío es dulce mientras cae;

no ves que va descalza, sombrita sin pesares.

 

Pena la del mar

que nos vió partir,

si la luna brilla desde algún lugar

vuelve.

 

Alguna vez la luna llegó desorientada,

si yo fuera una estrella caía en su garganta,

desanudando flores la noche la guiaba.

 

Quisiera ver el día en que todo al fin se apague,

besar su boca abierta de última menguante

y ansiar la luz lejana viajando a cualquier parte.

 

Pena la del mar

que nos vió partir,

si la luna brilla desde algún lugar

vuelve.

 

Pena la del mar

que nos vió partir,

que la luna brille desde algún lugar

siempre.


 

Letra y Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000

 

 

CRECIENTE

 

Tan nocturna la luna y en verdad

tan huellita del sol

que ha dejado a su paso por el firmamento,

un creciente farol sin sueño,

como un chorro de luz con cuernos

clavando el cielo.

 

Hay una niña detrás del río

encendiendo candiles tibios

que pudo robar del fondo del mar,

como a un secreto.

 

Y así como la luna suele andar con su falda solar

esta copla se viste a  través del silencio,

y la audacia a través del miedo

como un signo de que es posible

empezar de nuevo.

 

Ay! por favor no me mientas nunca,

vos pudiste robarle al mar

pero jamás robar la luna

que es más profunda.

 

Crece y crece la luna

si mi amor juega con ella,

como viene y como va

desafiando al fin las estrellas.

 

 

Letra y Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONSTELACIÓN

 

Si te volvieras de repente constelación

me dolerían más los huesos,

hay treinta mil planetas girando atrás del sol,

ninguno de ellos tiene una flor.

 

Irán tus pies descalzos

cómo puertos sin océano,

encandilados a fuerza de un destino,

tan reanimados al verte en equilibrio

como el viento entre los médanos.

 

Derramarás un puente en la aurora

cómo un árbol a millones de años luz

que ya no puedo descifrar,

¿cuanto más me deberé enamorar

sintiendo qué despacio cae tu estela en el mar?

 

Si me volviera de repente constelación

te dolerían más los cielos.

 

 

Letra y Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGENDA

 

La agenda de tu cuerpo está completa

y te reís de mí, como una santa,

yo quisiera incendiar tu hora secreta

y degollar un cristo en tu garganta.

 

Respirar el lagarto de tus ojos

con la misma locura de las cabras,

extirpar con candor de dientes flojos

el ombligo enquistado en tus palabras.

 

Deshilvanar  tus manos de demonio

como quién deletrea un veredicto;

hacer de tu mudez mi testimonio;

colgar de tu nariz mi celo invicto.

 

La agenda de tu cuerpo está completa

y me río de vos, como un poeta.

 

Letra: Federico Penelas / Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRINIDAD

 

Tres veces te miré; una a los ojos,

a las manos después, por fin desnuda.

Tres veces me miraste, sabia y muda;

y yo no pude ser más que despojos.

 

Tres conjuros mordiste parte a parte,

y no quise perderme el maleficio.

Tres besos me pediste en sacrificio,

y yo conté hasta tres para besarte.

 

Tres veces, tan impar, tan desmedida,

acorralando el cielo de mi ocaso,

fuiste la piel perpetua de mi herida.

 

Y yo apareado al quiebre de tu paso,

con la esperanza impune del suicida,

tres veces reviví de nuestro acaso.

 

Letra: Federico Penelas / Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000

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TUS DONES

 

Allí, en tu espalda, un cielo se despeja

con mis manos de viento tan urgente;

y en tu pelo una desvelada abeja

cubre de oro a mi nariz ardiente.

 

Hay en tu boca un carnaval modesto

que ríe entre paréntesis mi risa.

Hay en tu lengua un erizo dispuesto

a poner mi razón en la cornisa.

 

Hay en tus ojos un jazmín abierto

que endulza el mar de muerte que me enfría.

Hay en tus pies un camino desierto

que mis pasos darán a luz un día.

 

Hay en tu vientre un duende sin apuro

que hará de mi simiente tu futuro.

 

 

 

 

Letra: Federico Penelas / Música: Diego Penelas

material protegido por SADAIC reg.2000